Para el momento en el que fue asesinado el defensa antioqueño tenía 27 años. Hoy se cumplen 28 años de ese momento. El defensa anotó 17 goles y jugó 220 encuentros en su carrera deportiva.

Algunas veces parece que en la vida hay destinos inevitables. El 2 de julio de 1994 Andrés Escobar se encontró con el suyo. Recién había llegado del mundial de Estados Unidos, en el que se esperaba que Colombia fuera protagonista. Esto porque en las eliminatorias al campeonato del mundo el seleccionado nacional le ganó con un contundente cinco a cero a la Argentina de Diego Maradona en el Estadio Monumental de Núñez, en Buenos Aires.

Escobar estaba con su novia y con J. J Galeano, que era su mejor amigo. Esa noche salieron de fiesta, para distraerse y despejar la mente. Pasaron por algunos bares de la zona rosa de Medellín y luego subieron a El Indio, un establecimiento ubicado en el Alto de Palmas. En ese lugar estuvieron hasta las 3:30 de la mañana, cuando cansados decidieron salir para regresar a la casa.

En el parqueadero, cuando se disponía a montarse en su carro, el futbolista se encontró con un par de personas. Le recordaron el asunto del autogol que anotó en el partido contra Estados unidos y luego le dispararon en 12 ocasiones. Según reportó Félix de Bedout en la emisión central de NTC Noticias al día siguiente, por cada tiro, el asesino gritaba “golazo”.

Hoy se cumplen 28 años del homicidio de “El Caballero del Fútbol”. Andrés jugaba en la posición de defensa central, era delgado, espigado y tenía cara de ser bonachón. Era uno de los referentes del fútbol colombiano en la década del 90. Formó parte del equipo nacional que viajó a Italia 1990 y Estados Unidos 94. También estuvo en la plantilla de Atlético Nacional que ganó la Copa Libertadores de 1989 y luego de eso migró al fútbol europeo.

Su destino fue el Young Boys de Suiza. Aunque era un defensa con oficio y tenía buena calidad técnica para salir con el balón dominado, no se pudo adaptar a Europa. En 1990 regresó al fútbol colombiano. Jugó de nuevo con Nacional y ayudó al equipo a ganar la liga local de ese año.

En 1993 estaba listo para formar parte del seleccionado que viajó a la Copa América. Sin embargo tuvo una lesión en la rodilla que lo sacó de las canchas durante varios meses. No estuvo ni en el torneo, ni el mas eliminatorias mundialistas. No jugó en el 5-0, pero se recuperó y fue al mundial. Su presentación fue buena en términos generales. El único error que cometió lo condenó a muerte.

Un error que valió una vida

En el encuentro de la segunda fecha del Grupo A se enfrentaron Colombia y Estados Unidos. El equipo sudamericano venía de perder 3-1 con Rumania en la primera presentación. Tenían la necesidad de ganar para poder clasificar a los octavos de final del mundial. Había muchas cosas en juego. Para ese momento el país se estaba recuperando del azote del narcotráfico y la esperanza de los colombianos estaba puesta en la buena presentación en la copa mundo.

También se ha dicho que había mucha plata de apuestas en juego. La Selección Colombia estaba obligada a ganar el partido. El partido estaba empatado a 0. Ninguno de los dos equipos era superior al otro. Al minuto 37 Estados Unidos armó una jugada de ataque por la banda izquierda. Uno de los jugadores tiró un centro al área, sin un aparente destino claro.

Escobar se lanzó al suelo, para rechazar el esférico. Sin embargo lo que hizo fue cambiarle la dirección y como ya el portero Óscar Córdoba se había posicionado para salir a buscar la pelota en el centro del área, el balón entró al arco de Colombia. Fue autogol. El defensa se tomó la cabeza con las dos manos. Sus compañeros no lo podían creer. En Colombia el sueño de ser “campeón del mundo” se acabó.

Este error fue lo que condujo a la posterior desaparición del futbolista colombiano. En los 28 años que han pasado desde aquél trágico 2 de julio de 1994, el defensa se ha inmortalizado como uno de los mártires del fútbol en uno de los momentos históricos más complicados de nuestro país.

Hoy es referente de Atlético Nacional y ver a hinchas con la camiseta del 89 y el número 2 en la espalda es algo común. También le han dedicado capítulos en libros como “¡Jueguen, muchachos!”, de Orlando Asencio. También ha sido protagonista de novelas como “Autogol” de Ricardo Silva Romero. La vida de Andrés terminó esa madrugada, pero su legado pasó a la historia y se mantiene vigente en la memoria de los aficionados del fútbol colombiano.

Brandon Martínez González

Estudiante de periodismo de la Universidad de Antioquia. Interesado en el periodismo narrativo y los deportes.