Las revelaciones de los Archivos de Epstein, abiertos a consulta pública por el Departamento de Justicia de Estados Unidos, afectaron la reputación de uno de los intelectuales de izquierda y crítico del capitalismo más reconocidos: el lingüista, activista y filósofo estadounidense Noam Chomsky, de 97 años. En la correspondencia con Jeffrey Epstein, acusado de abuso y tráfico de menores (entre otros cargos), aparece como un consejero ante el escándalo por las denuncias.
En un mail de febrero de 2019, el autor de ¿Quién domina el mundo? (cuya lectura recomendó el venezolano Hugo Chávez) le aconseja “no reaccionar”, dando a entender que el Movimiento #MeToo es responsable de haber desarrollado una “histeria sobre el abuso de mujeres”. En junio de ese año, Epstein apareció muerto en su celda en el Centro Correccional Metropolitano de Nueva York.
En redes sociales, Chomsky pasó de ser apodado el “padre” de la gramática generativa al de la “gramática degenerativa”, remedando sus hallazgos científicos que aún se enseñan en todas las universidades, por su polémica amistad con Epstein.
En 2023, The Wall Street Journal reveló que Chomsky había recibido 270.000 dólares de una cuenta vinculada a Epstein, aunque negó que el dinero hubiera sido enviado directamente por su amigo. Según los archivos desclasificados, con una nueva tanda de documentos que se conocieron el fin de semana, no es el único favor que habría obtenido.
En 2019, cuando el magnate financiero ya había sido acusado de tráfico y violación de menores, Chomsky le escribió un mail a su amigo: “He visto el horrible trato que te están dando la prensa y el público. Es doloroso decirlo, pero creo que la mejor manera de proceder es ignorarlo. Tengo mucha experiencia, aunque, por supuesto, no a esta escala. Una búsqueda en Google mostrará un montón de acusaciones histéricas de todo tipo, incluso grupos dedicados a vilipendiarme. No presto atención, a menos que me contacten para pedirme un comentario sobre un asunto específico. Es una molestia, pero es la mejor manera. Las mismas conclusiones se desprenden de las experiencias de otros, en algunos casos de amigos cercanos”.
Para Chomsky, la mejor estrategia era callar. “Lo que los buitres desean desesperadamente es una respuesta pública, que luego proporcione una oportunidad pública para una avalancha de ataques venenosos, muchos de ellos provenientes de simples buscadores de publicidad o chiflados de todo tipo, que son imposibles de responder (¿cómo demuestras que no eres un neonazi que quiere matar judíos, o un violador, o cualquier cargo que se presente?) -razona en su mail-. Esto es particularmente cierto ahora con la histeria que se ha desarrollado sobre el abuso de mujeres, que ha llegado al punto de que incluso cuestionar un cargo es un delito peor que el asesinato. Para prácticamente todos los que vean algo de esto, la reacción será ‘donde hay humo hay fuego, tal vez fuego furioso’ (cualesquiera que sean los hechos, que pocos pensarán en investigar)”.
E insiste: “En general, creo que lo mejor es no reaccionar a menos que nos pregunten directamente, particularmente en el estado de ánimo actual, que supongo que desaparecerá, incluso si no es a tiempo para evitar mucha tortura y angustia. Es difícil decirlo, pero es el mejor consejo que se me ocurre”.
Cuando Epstein trató de rehabilitar su imagen pública después de la condena de 2006 por haber prostituido a una menor de edad (objetivo que pudo alcanzar gracias a la ayuda de su red de influencias), difundió una carta de Chomsky. “Conocí a Jeffrey Epstein hace seis años -decía la carta de apoyo del lingüista-. Hemos mantenido un contacto regular desde entonces, con largas y a menudo profundas conversaciones sobre una amplia gama de temas, incluyendo nuestras especialidades y trabajo profesional, pero también sobre muchos otros en los que compartimos intereses. Ha sido una experiencia muy valiosa para mí”.
Según Chomsky, Epstein le habría enseñado las complejidades del sistema financiero y habría ayudado a su segunda pareja, Valeria Wasserman Chomsky, que también intercambió varios mails con Epstein y su secretaria entre 2015 y 2019.
A su favor, se puede decir que no visitó la mansión de Epstein en la “isla de los millonarios pedófilos” en el Caribe. “Todavía tengo ganas de ir al Caribe, pero parece que tendremos que esperar”, le respondió Chomsky en 2016; Epstein insistió: “El Caribe está cerca de Brasil. Si quieres, siempre eres bienvenido y Valeria puede encontrarte allí”. Sin embargo, se alojó con su pareja en el “encantador departamento” de Epstein en Manhattan.
Chomsky también había apoyado al astrónomo Lawrence Krauss, acusado de abuso sexual y destituido de la Universidad Estatal de Arizona en 2018. Krauss, a su vez, abogó por Epstein al declarar que siempre lo había visto con mujeres de “19 y 23 años a su alrededor”.
“Vergonzoso. ¿Por qué? Arruinando su reputación, a su edad», posteó en X la escritora estadounidense Joyce Carol Oates sobre los consejos chomskianos dados a Epstein.
Además de Chomsky, destacados intelectuales como el estadounidense Steven Pinker y el británico Richard Dawkins figuran en los archivos de Epstein.
Chomsky y su pareja brasileña viven actualmente en Brasil; en junio de 2024, el lingüista sufrió un derrame cerebral. Varios medios de prensa, a raíz una publicación de “el asesino de X”, el italiano Tommaso Debenedetti, que lo daba por muerto, publicaron sentidas semblanzas sobre el estadounidense.