El edificio donde se han invertido más de $160.000 millones está funcionando a menos del 30% de su capacidad.

El pasado 7 de febrero, el alcalde Daniel Quintero inauguró por segunda vez –con un discurso en el que recitó canciones de Los Prisioneros y en el que recordó nostálgico su primer día de colegio– la Ciudadela de la Cuarta Revolución y la Transformación del Aprendizaje, C4TA.

La ciudadela educativa más moderna, bella, costosa y vacía que se haya visto en la Comuna 13 significó, en palabras de Quintero, “el nacimiento del sueño del Valle del Software”. Ese día, según la Alcaldía, más de 2.200 estudiantes empezaron clases y a lo largo del año serían 8.000 los beneficiados con un espacio que ya desearía cualquier universidad privada. Pero siete meses después, la mole gris donde se han invertido más de 160.000 millones de pesos parece un desierto.

C4TA –construida sobre las ruinas de lo que durante casi un siglo fue la cárcel de mujeres el Buen Pastor– es un campus de 60 mil metros cuadrados con 13 bloques amplísimos, aulas multipropósito equipadas con computadores, televisores y pupitres ergonómicos, laboratorios especializados, terrazas, tres canchas de fútbol sintéticas, una pista de trote y canchas de voleibol y baloncesto. Allí no hay ventas informales de mecato o postres, no hay peleas en las canchas de fútbol, no hay estudiantes leyendo, ni vapeando, ni fumando marihuana; tampoco jugando cartas o videojuegos, ni planeando un paro o una marcha. En C4TA no hay nadie, pero en las afueras sí.

Estudiantes y vecinos dicen que los piques de las motos en las calles aledañas empiezan a las cuatro de la tarde y que ante la ausencia de goles y cestas, el microtráfico se ha tomado las afueras de las canchas, canchas que nadie que no estudie en la ciudadela puede usar porque no son administradas por el Inder.

El plan era que este año se formaran en la Ciudadela jóvenes de 15 comunas en habilidades para la Cuarta Revolución Industrial, como lenguaje de programación, marketing digital, desarrollo de software y ciberseguridad. Pero ese plan no es más que un sueño, por ahora. Un dato muestra lo poco tecnológica que es la ciudadela: hasta la semana pasada, cuando EL COLOMBIANO visitó la sede, solo la recepcionista y un par de afortunados funcionarios tenían la clave del WiFi.

Además, hay un laboratorio de cine dotado de equipos profesionales con tecnología de punta sin estrenar porque no tiene acceso a internet, y una sala de 24 computadores MAC de última generación sin encender porque desde hace un año se robaron los teclados y los mouses que estaban guardados en un convento cercano. En contraste, hoy La Ciudadela para la Cuarta Revolución y la Transformación del Aprendizaje parece el espacio más vigilado de Medellín: debe haber una decena de celadores por cada centena de estudiantes.

En C4TA también hay un laboratorio financiero en el que se dan clases de habilidades comunicativas porque nadie presupuestó que había que comprar una licencia de software que –según dice el director de Sapiencia, Carlos Chaparro– cuesta 8 mil millones de pesos al año. La Cámara de Gesell, un sofisticado laboratorio dotado con cámaras y micrófonos que sirven para hacer experimentos conductuales, está en desuso porque funciona como bodega para guardar los computadores que la Alcaldía les regala a los adolescentes de los colegios públicos de la ciudad. Quizá eso explique la cantidad de vigilantes.

Del laboratorio de drones y aquadrones (drones acuáticos) sí hay registro de uso: hace poco más de un mes capacitaron a un grupo de jóvenes para diseñar, programar y pilotear estos equipos, en un curso ofrecido por Sapiencia en alianza con la universidad Carnegie Mellon de Estados Unidos y Platypus, una empresa gringa que, según la poca información disponible en su sitio web, se dedica al diseño y a la operación de robots acuáticos. Además de esto, de Platypus solo se encuentra su cuenta de Twitter creada en 2012, donde tiene 102 seguidores, y su cuenta de LinkedIn donde dice que tiene de 2 a 10 empleados.

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C4TA nació con el objetivo de ampliar la cobertura de las instituciones de educación superior públicas de la ciudad (ITM, Pascual Bravo y Colegio Mayor) en una zona donde existía un vacío de oferta educativa. La idea era que las tres universidades compartieran el espacio y llevaran allá a los estudiantes que estaban matriculados en programas de la industria 4.0. Además, sería la sede del programa de Talento especializado de Sapiencia, que ofrece –en alianza con la Universidad Nacional, el Sena y multinacionales tecnológicas– cursos cortos especializados que permiten que jóvenes, que por sus necesidades económicas no pueden dedicar lustros a estudiar, certifiquen competencias en pocos meses.

En el primer semestre de este año, entre las tres instituciones, que en total suman más o menos 30.000 estudiantes, solo enviaron a 839 alumnos a C4TA, poco más del 2%. Para el segundo semestre, la cifra osciló entre 1.500 y 1.600. El ITM ha mandado a sus estudiantes de cine –un programa único en la ciudad–, pero no pueden usar el estudio de producción porque dejan sin internet al resto de la sede; y el Colegio Mayor ha enviado a sus estudiantes de culinaria y gastronomía a un campus donde no hay cocina ni restaurante, apenas una cafetería donde venden papitas y gaseosas, y solo se recibe efectivo o transferencia, nada de tarjetas.

La Ciudadela, epicentro de la tecnología y la innovación, solo tiene una entrada peatonal, y para pasar los torniquetes no hay que poner la huella en un lector dactilar, ni un carné en un sensor –como en casi todas las universidades de Medellín–; tampoco hay un sistema de identificación facial ni una voz artificial dando los buenos días. Hay un celador con una minuta de hojas amarillas que escribe los datos de cada visitante, sin salirse de la margen de las líneas.

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La infraestructura educativa, que hasta hace un año se llamó Ciudadela Universitaria de Occidente, empezó a construirse en septiembre del 2018 durante la administración de Federico Gutiérrez y se inauguró por primera vez, ya con su innovador nombre, el 2 de agosto del año pasado, con meses de retraso. Sin embargo, tuvieron que pasar siete meses más para que allí se dictara la primera clase. La razón, según el Director de Sapiencia, es que el edificio no tenía redes para cablear el internet, ni puntos de carga eléctrica regulada y tampoco había red eléctrica para los aires acondicionados. Fue solo cuando solucionaron esos requerimientos que se abrieron las aulas.

Ahora a C4TA no le falta casi nada: solo estudiantes, profesores, libros, licencias, teclados y computadores. Tras un par de visitas en días y horas aleatorios, se puede concluir que la Ciudadela para la Cuarta Revolución Industrial es un coco vacío. “Esto se mantiene tan solo que a veces a uno le da miedo que se le aparezca un muerto del cementerio de aquí al lado”, le dijo a este diario uno de los vigilantes.

En el campus que, según su director, requiere 10 mil millones de pesos anuales para operar, no se compraron libros porque a las directivas les parecían obsoletos, pero sí estanterías que, vacías, sirven como paredes divisorias de los espacios.

Por los pasillos vacíos donde el silencio solo lo interrumpe de vez en cuando el ruido de una moto parada en una sola llanta, Enrique Batista, director académico de C4TA, desmintió varias de las afirmaciones que minutos antes Chaparro, su jefe, le había hecho a este diario.

Según él, la Ciudadela funciona al 44% de su capacidad y la razón es que apenas está recibiendo estudiantes de primer y segundo semestre, y si el campus se ocupara en su totalidad por jóvenes de estos primeros niveles, en el corto plazo no habría graduados y por ende no sería posible abrir nuevos cupos.

De acuerdo con sus cuentas, si se suman los alumnos de las instituciones de educación superior de Medellín que ingresaron este año, más los de bachillerato de los colegios aledaños que asisten al campus para recibir cursos dictados por el Sena, a la Ciudadela están asistiendo aproximadamente 3.500 estudiantes.

C4TA tiene capacidad para recibir a 8.000 personas cada día en cuatro turnos de 2.000, de seis de la mañana a diez de la noche. Si bien 3.500 es el 44% de 8.000, eso no quiere decir que sea el porcentaje de uso del campus, pues esos estudiantes no asisten a la Ciudadela todos los días. De hecho, los jóvenes del programa del Sena, que son 768, van en su mayoría solo una vez a la semana.

Si esos 3.500 estudiantes asisten en promedio tres veces a la semana y el campus está disponible de lunes a viernes, el promedio de asistencia diaria es de 2.100 alumnos, es decir el 26% de la capacidad instalada.

Aún así, esa cifra es difícil de creer, no solo porque parte del supuesto de que desde febrero ningún estudiante ha desertado y porque no hay ninguna entidad o documento oficial que respalde el cálculo, sino porque el vigilante de la entrada principal no daría abasto registrando manualmente dos mil ingresos diarios.

El director de Sapiencia también le dijo a este medio que una de las limitaciones que había tenido la Ciudadela para ponerse en marcha era que la administración anterior apenas había comprado 280 computadores para dotar la sede: “Vaya a un centro de formación para el trabajo en el centro de la ciudad, escoja usted el más chiquito, y 280 es apenas la mitad de la dotación de la sede. Así que nosotros tuvimos que hacer una inversión enorme en dotación tecnológica”.

—¿Cuántos computadores hay ahora en la sede?

—Deben estar por el orden de los ochocientos y pico o novecientos.

A no ser que Chaparro esté contando también los computadores portátiles que están guardados en la Cámara de Gesell, o que los tenga escondidos bajo llave, nadie que recorra los salones podría creer que 800 es siquiera un número verosímil.

Batista, en cambio, tiene una cifra más cercana a la realidad. Según él, en C4TA hay 11 salas dotadas con computadores. Si cada una de estas aulas tiene entre 30 y 40 unidades, en el campus hay aproximadamente 385 computadores para los estudiantes. Aunque son más que los que había dejado la administración anterior, siguen siendo menos que los que hay en “cualquier centro de formación del centro”. De todas formas no es un número despreciable, pues de ser cierto, en C4TA da la impresión de que hay más computadores que estudiantes.

Actualmente, en C4TA no se está dictando ningún curso de talento especializado. Según Chaparro, hace apenas unas semanas terminó la primera cohorte que tuvo alrededor de 1.200 estudiantes en cursos cortos de desarrollo web, machine learning, redes y ciberseguridad, fibra óptica y automatización digital; que fueron ofrecidos por el Sena, la Universidad Nacional y el ITM en alianza con empresas como Amazon.

Las convocatorias para la segunda cohorte, en la que se dictarán 20 cursos con una inversión de 8.000 millones de pesos según Sapiencia, se cerraron el 2 de septiembre, y se espera que los 2.200 estudiantes que salieron beneficiados comiencen clases a mediados de octubre. Las fechas de programación y los requisitos para acceder a los programas se encuentran en el sitio web de Sapiencia. La Ciudadela para la Cuarta Revolución Industrial más grande del país, aliada de Amazon, Microsoft y Google, no tiene redes sociales ni sitio web propio.

Hoy C4TA, el “sueño del Valle del software”, podría llamarse mejor la Ciudadela del futuro, pues todo está por llegar: los cursos, los estudiantes, los computadores, los teclados, las licencias y el internet .

8.000

Estudiantes puede recibir la Ciudadela cada día en cuatro turnos de 6 a.m. a 10 p.m.

PARA SABER MÁS EL ROBO EN EL CONVENTO

Antes de la inauguración de C4TA, Sapiencia guardaba los equipos de dotación más valiosos en el convento Santa Eufrasia, ubicado a unos pasos de la Ciudadela. Allí, según aparece en una denuncia a la Fiscalía, el 12 de mayo del 2021 descubrieron a uno de los celadores robando en una bolsa negra un computador marca MAC. Al parecer, el vigilante de la empresa de seguridad Segurcol llevaba semanas saqueando la sede. Dos meses más tarde, después de hacer un inventario, Sapiencia le informó a la Fiscalía que en total habían sido robados 12 computadores marca MAC, 2 monitores y 27 computadores portátiles de la marca HP, 2 portátiles marca DELL y 34 tabletas marca Walcom. Los equipos que se compraron entre septiembre y diciembre del 2019 por un valor superior a los 300 millones de pesos todavía no han sido repuestos.