Hasta hace poco los suplementos proteicos estaban asociados a los deportistas y las personas que tienen un alto rendimiento físico. Los deportistas lo han consumido para suplir sus requerimientos de proteína del día o favorecer la hipertrofia muscular, que se traduce en el aumento del tamaño del músculo. Allí están los orígenes de ellos.

Sin embargo, en los últimos años se han adelantado investigaciones sobre el traslado de estos suplementos del deporte a la cotidianidad de las personas, incluso para que las consuman los sedentarios.

Tanta ha sido su popularidad que una encuesta de la revista científica estadounidense ACSM Health & Fitness Journal anunció que para este 2023 estos suplementos proteicos ya son, y seguirán siendo, tendencia, no solo en los escenarios deportivos sino que se instalarán en el día a día de las personas.

Con esta corriente de moda “saludable”, queda la duda de si realmente los suplementos proteicos pueden ser consumidos por cualquier persona. Incluso, los productos con “extra de proteínas” se pueden encontrar en el mercado en productos como galletas, barras proteicas y polvos, sin la exigencia de consultar previamente con un profesional que lo ayude a tomar una decisión.

El “boom” de estos productos se debe a que las personas asocian el consumo de proteínas con beneficios para la salud, ya que sirven para producir músculo y masa magra en el cuerpo. ¿Qué tan real es que su consumo es siempre beneficioso?

Primero las proteínas

Según Sofía Molina, nutricionista dietista de la Universidad CES, las proteínas ayudan a mejorar y mantener la masa muscular, reducir el riesgo de la degradación muscular (descomposición del tejido muscular que ocasiona liberación de contenidos en la sangre dañinos para el riñón causando daño renal), evita la desnutrición, generan mayor saciedad —por lo que es bueno para pacientes con obesidad—, ayudan en la cicatrización de heridas, fortalecen el sistema inmunológico, producen hormonas, son transportadoras de moléculas esenciales para el metabolismo y de ellas se obtiene energía.

También son buenas para personas con enfermedades de base como VIH, osteoporosis, enfermedades crónicas renales y cardiovasculares. Ya que en varias de ellas se pierde masa muscular. Sin embargo, no todo es tan bueno.

La médica nutrióloga Erika White Giraldo explica que el exceso de consumo de proteínas puede generar un aumento de peso, sobrecarga al riñón ya que no puede absorber toda la proteína (según la Academy of Nutrition and Dietetics, el cuerpo solo puede absorber entre 20 y 40 gramos de proteína por cada comida) y los desechos nitrogenados quedan en el cuerpo, lo que puede ser peligroso si la persona tiene un riñón no saludable y se pueden generar enfermedades renales.

El tema de los suplementos

¿Qué tanta proteína se debe consumir al día? Según la Organización Mundial de la Salud (OMS) son 0.8 gramos por kilogramo de peso y es recomendable que su fuente sean alimentos reales como las carnes, el pescado, atún, huevos y no suplementos en polvo que se pueden tomar en batidos. Que es una opción “rápida” (los suplementos actúan más rápido que la comida real) en estos tiempos en los que el trabajo es demandante y no hay mucho tiempo para cocinar, pero sí para prepararse un batido medido por el “scoop” (cucharón). Una situación común que relatan nutricionistas como Andrés Zapata.

El consumo de estos suplementos principalmente se da para suplir requerimientos diarios de proteína que debe tener una persona. Para el entrenador físico Diego Medina, las personas deben consumir un gramo de proteína por kilogramo de peso. “Si una persona pesa 80 kilos su ingesta diaria debe ser de 80 gramos de proteína. Si la persona con su comida diaria solo alcanza 60 gramos, pueden tomar 20 gramos de suplementos proteicos para alcanzar el total requerido”, dice el especialista.

Con medidas así se ha logrado que los suplementos se desplacen hacia la cotidianidad de las personas y ya no solo las usen los deportistas o las pa con una enfermedad específica. Eso ha generado distintas opiniones entre los especialistas.

El debate de su consumo

Es a partir de los 18 años que se recomiendan consumir los suplementos proteicos y traen más beneficios para las personas adultas, desde alrededor los 40 años. Antes de los 18 solo pueden consumirlo aquellos que tienen casos específicos, como un niño deportista de alto rendimiento y solo por recomendación médica.

Para los que acogieron esta tendencia por sus ajetreados ritmos de trabajo —al ser más fácil la preparación de un batido que un desayuno tradicional con huevo, tocino o salchichas— los especialistas aseguran que se debe tener cuidado con su consumo. Mientras que hay otros que reafirman que esto no es saludable.

Luis Miguel Becerra, nutricionista clínico pediátrico de la Pontificia Universidad Javeriana de Cali, asegura que no todas las personas deben consumir suplementos proteicos. Quienes lo hagan deben estar completamente saludables y para él es casi imposible que haya alguien sin una enfermedad de base. “Se ha demostrado que el exceso de proteína no daña el riñón, siempre y cuando sea una persona sana. El dilema es que en estos tiempos el 99 % de las personas no están sanas. De pronto no tienen síntomas de las enfermedades, pero están ahí”, explica. Para él, estos suplementos deben usarse para tratar enfermedades o para deportistas de alto rendimiento que hagan entre 4 a 7 horas de ejercicio al día.

La nutricionista Sofía Molina, por el contrario, dice que las personas sí pueden consumirlo, siempre y cuando estén orientadas por un especialista. “El profesional le debe indicar cuál puede consumir, en qué cantidades y en qué momentos del día. Todo eso influye”, recalca. Dice, además, que hay suplementos que no tienen gran evidencia científica por lo que es mejor saber de la mano de un profesional, qué es lo que va a consumir. No es cualquier batido por recomendación de un amigo.

La médica Erika White coincide, diciendo que si una persona no alcanza a suplir sus necesidades de proteína del día, puede consumir suplementos. Sin embargo, debe ser cuidadoso del producto que compra porque algunos contienen “proteínas sucias”, que son azúcares, conservantes, colorantes y saborizantes que mejoran su sabor.

El dilema sobre si esta tendencia es una práctica saludable o no continúa, pero lo que sí es cierto es que debe visitar al nutricionista, quien es el que le va a hacer los exámenes adecuados para saber si realmente puede o no consumir estos suplementos proteicos. Por ahora, no le dé un adiós rotundo al huevo y al tocino.

Tipos de suplementos

Los suplementos proteicos pueden ser de origen animal y de origen vegetal entre las que están las leguminosas como frijol, garbanzos y lentejas (una opción llamativa para las personas veganas, vegetarianas y que no toleren los productos de origen animal). Más allá de los suplementos proteicos también existen otros que no contienen proteína sino otras moléculas. El nutricionista clínico Luis Miguel Becerra explica que están los suplementos de carbohidratos, de grasa, multivitamínicos. “Les llamamos alimentos con propósitos médicos”, dice. Por ejemplo, los suplementos multivitamínicos ayudan a ciertas enfermedades: el hierro, ácido fólico y Vitamina C sirven para la anemia; la Vitamina D para el raquitismo, la osteoporosis y la obesidad; la Vitamina A para la deficiencia de la visión nocturna; la Vitamina C para las alteraciones de la coagulación y alteraciones de la cicatrización. Y están los suplementos de grasa como el Omega 3, Omega 6 y Omega 9 que son los ácidos grasos esenciales.

Daniela R. Gómez Isaza

Periodista de la Universidad Pontificia Bolivariana. El sueño de ser médica lo cumplí haciendo periodismo de salud. También escribo sobre ciencia y de vez en cuando cultura.