Fue carnicero y cambió aceites en un taller de motos. Hoy es propietario de Poblautos,

una de las vitrinas de vehículos nuevos y usados de gama alta más reconocidas de Medellín.

A los 12 años le ayudaba a sus tíos en el oficio de la carnicería, a los 15 trabajó con su hermano en un taller de motos y hoy –a sus 60– ya vende carros a artistas como Maluma, Blessd y Jhonny Rivera en su propio concesionario de lujo: Poblautos.

La vida de Carlos Jaramillo Pérez no ha ido en una sola dirección. Nació y se crió en Bello, Antioquia, es hijo de trabajadores de Fabricato, y aunque desde muy joven descubrió su pasión por los motores, decidió inclinarse por la zootecnia.

“En mi adolescencia trabajé con mi hermano mayor, que era mecánico de motos, en su taller. En mis ratos libres del colegio me iba para allá y ahí empezó mi gusto por la gasolina, la grasa y por tener las manos sucias. Pero, antes de meterme en ese mundo, yo ya había trabajado con unos tíos en el oficio de la carnicería y ganadería, y ese amor al ganado y a los negocios me terminaron impulsando a estudiar zootecnia”, recuerda Jaramillo

Sin embargo, el negocio automotriz no lo quiso soltar tan fácil. Así, cuenta, siguió dedicándose a la mecánica hasta que llegó la transición de los motores de dos a cuatro tiempos y luego, ya estando en la universidad, se le presentó la oportunidad de montar con un socio un cambiadero de aceites y filtros para carros, algo como un “spa” de mantenimiento.

“A esta actividad le fui añadiendo un ingrediente adicional: comencé a comprar carros, los arreglaba en el taller y los ponía a la venta. Con el tiempo vi que esto me estaba generando más ingresos que lo que me iba a ganar como zootecnista, así que terminó ganando la vena de negociante pero de vehículos”, comenta el empresario.

Al salir de la universidad, Jaramillo fue contactado por Jorge Puyo, fundador de la empresa Franco Alemán y quien fue uno de los promotores del automovilismo en Medellín. “Jorge me ofreció trabajar con él y, aunque en ese momento yo tenía mi taller y los fines de semana trabajaba en la carnicería, acepté el puesto como un reto”, dice.

Sin pensarlo, la vitrina de vehículos del taller Franco Alemán fue su principal escuela, de la cual, años más tarde se hizo socio.

Materializar un sueño de lujo

Después de 10 años trabajando en sociedad con el empresario Puyo, Jaramillo decidió retirarse para continuar con su sueño: montar su propio negocio.

“Hablé con Jorge y le dije que quería renunciar, él aceptó, y dentro de la liquidación de la sociedad yo me quedé con un lote en El Poblado que habíamos adquirido. En esa misma época mi papá murió y con el patrimonio que nos dejó reuní a mis familiares para que invirtiéramos un pequeño capital”, recuerda.

Fue precisamente en ese lote que, en el año 1999, se construyó Poblautos, un concesionario especializado en autos nuevos y usados de gama alta.

“Yo tenía 37 años cuando abrí mi propio concesionario en la Avenida El Poblado. El conocimiento y la experiencia que ya había adquirido previamente me dio en ese momento la tranquilidad y la confianza para arrancar solo, y en diciembre del 99 vendí el primer carro de Poblautos”, cuenta Jaramillo.

Y es que la credibilidad que ya había adquirido hizo que pudiera abrir su vitrina con 19 carros de lujos como inventario. “No tengo otro patrimonio distinto a mi nombre”, dice este empresario paisa, quien afirma que la gente ha creído siempre en su palabra.

Pero el mercado de lujo no siempre estuvo en sus planes. De hecho, sus primeros “pinitos” en la industria automotriz fueron con vehículos normales.

“El mercado de lujo fue algo que se fue dando. El estar ubicado en una vía tan importante como la Avenida El Poblado me permitió hacerme más visible y comencé a ser más selectivo. Luego, la suma de todos esos factores, me hizo querer negociar con solo vehículos premium”, comenta Jaramillo.

Poblautos cada vez fue creciendo más y adicionando otras unidades de negocios, como importaciones y servicio de blindaje.

Fue así como la empresa trajo por primera vez al país las populares cuatrimotos Bombardier, un hito que convirtió al concesionario en el proveedor oficial de Can-Am (empresa canadiense fabricante de motocicletas).

Tiempo después nació Poblautos Security, con el fin de dotar los vehículos con materiales de alta resistencia balística y equiparlo con accesorios para impedir ataques o agresiones físicas, servicio por el cual hoy son reconocidos.

Ahora la sede del concesionario cuenta con 70 empleados y cuatro pisos donde reposan marcas como Mercedes Benz, BMW, Audi, Toyota, Volvo, Ferrari, Porsche, y Jaguar, con precios que van desde los $120 millones hasta los $1.300 millones. Y aunque es un negocio con poca rotación de inventario, pueden vender hasta cuatro o cinco vehículos de alta gama por semana.

Precisamente, esa trayectoria y labor hizo que en 2019 Jaramillo fuera galardonado por el Concejo de Medellín con la Orden al Mérito Don Juan del Corral, en grado Plata. Un reconocimiento por la contribución de esta empresa al sector automovilístico de Medellín, y por ser el fundador de uno de los concesionarios especializados más importantes de la capital antioqueña.

Un carácter decidido

Neyef Numa trabaja en Poblautos hace unos años como asesor. Cuando se le pregunta por Carlos Jaramillo lo primero que describe es que es un hombre de un carácter fuerte y mucha disciplina.

Añade, con convicción, que para alguien crecer profesionalmente en la industria automotriz colombiana debe pasar, indudablemente, por este concesionario.

Y es que ser menos visceral y más calculador ha sido casi una premisa para Jaramillo, y algo que lo ha llevado a avanzar en las escaleras hacia el éxito. Y aunque su meta en la vida ha sido ver crecer su negocio, afirma que nunca ha pretendido competir por ser el más grande.

“Si en el trayecto se da que estemos en una muy buena posición, bienvenido sea. Pero no estoy midiendo pulso con nadie. Si algo tengo claro es que yo no tengo competencia, tengo alianzas, tengo colegas. Y estoy abierto a hacer negocios. No pretendo acaparar el mercado porque sé que no sería capaz de vender todos los carros que necesita la ciudad ni el país”, apunta el empresario.

Una vida más tranquila

Poblautos y la zootecnia no son las únicas pasiones de Jaramillo.

Él cuenta que es un ciclista aficionado, que no se siente de 60 años y que uno de sus propósitos es disminuir las horas de trabajo para dedicarse a sus hobbies.

Entre sus “escapes” o “válvulas de alivio”, como llama Jaramillo a sus pasatiempos, están las motos, las trochas, la bicicleta y los libros.

“Me encantan las motos, soy un trochador incansable. Cada que puedo me voy recibir polvo en la cuatrimoto. Hago deporte tres veces a la semana y monto mucho en bicicleta porque soy muy fanático del ciclismo”, comenta.

A esto, se le suma que es un gran conocedor de la represa de Guatapé, Antioquia. Cada que puede se escapa de la rutina y se va a navegar por las aguas de ese municipio del Oriente antioqueño.

Por eso, tiene claro que su principal objetivo más adelante es mermar la intensidad horaria de su trabajo ya que, aunque afirma que trabajaría hasta que se le agoten las energías, quiere dedicarse a disfrutar de su tiempo libre.

En cuanto a Poblautos, Jaramillo desea, a corto plazo, ampliar las instalaciones de la sede con la construcción de 2.800 metros más, así como seguir conservando y alimentando el reconocimiento que tantos años le llevó adquirir en una industria tan competitiva y compleja.

Y aunque no todo ha sido color rosa porque, como la mayoría de los emprendedores del país cuando están iniciando, ha tenido que sortear dificultades como falta de capital, cambios en el mercado y puertas cerradas, hoy Carlos Jaramillo dice, con orgullo, que ya se encuentra “navegando en aguas mansas”

Alejandra Zapata Quinchía

Periodista de economía y negocios. Egresada de la gloriosa Universidad de Antioquia.