El cantante se lució en el primero de sus dos conciertos en el Atanasio Girardot.

“Aunque la gente se ría, para mí Bad Bunny es al reguetón lo que Michael Jackson fue para el pop”, dice Camilo Obando, uno de los miles de fans que ayer se dejaron seducir por la voz grave y la pirotecnia del cantante puertorriqueño en su primer concierto en solitario en Medellín.

Los asistentes al estadio Atanasio Girardot debieron vencer las prevenciones de la lluvia que se desató en Medellín en horas de la tarde del viernes 18 de noviembre: las carpas y los impermeables protegieron de alguna manera los atuendos playeros del público. Sin embargo, el cielo se despejó a las 9:30 de la noche, una hora exacta antes del inicio del show.

La historia de Bad Bunny es la de una película de superación, tan preciada para los productores de Hollywood. Nació en Puerto Rico en 1994, hijo de un conductor de camiones y de una profesora de inglés. Su nombre en el registro civil es Benito Antonio Martínez Ocasio. Como la mayoría de los jóvenes latinoamericanos de clase media, su formación musical incluyó las baladas rancheras de Juan Gabriel, la salsa de siempre de Héctor Lavoe y los éxitos noventeros del rock en español.

Desde 2016 la carrera musical de Bad Bunny ha sido un constante ascenso: su debut discográfico –el álbum X 100pre– obtuvo en 2018 el Grammy Latino para la mejor producción de música urbana.

La visita de Bad Bunny a Medellín tiene un fuerte componente emocional para el músico: en varias entrevistas ha dicho que su debut en los escenarios ocurrió en el colegio cuando cantó la canción Mala gente, de Juanes.

En 2019 grabó Oasis junto a J. Balvin, un disco de ocho canciones. Ese mismo año fue uno de los invitados especiales de Balvin en el concierto El niño e Medellín. Por eso, desde el inicio del concierto el cantante conectó con un público que llevaba varios años esperándolo con los brazos abiertos y las caderas dispuestas para el baile.

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El concierto comenzó a las 10:30 de la noche con un Bad Bunny sentado en una silla de playa. Inició con Moscow Mule, el sencillo principal de su cuarto álbum, Un verano sin ti. El título de la canción hace alusión a un refrescante coctel que tiene vodka, jugo de lima y ginger.

Durante las primeras seis canciones el Conejo malo estuvo solo en la tarima, sin la compañía de bailarines. Uno de los momentos estelares del concierto fue cuando Bad Bunny se acercó a una palmera de plástico ubicada en la mitad de la pasarela y ante los ojos de todo el público comenzó a volar. Cuatro grúas hicieron posible el milagro de Remedios la Bella, haciendo delirar de emoción a los asistentes.

“Dio una vuelta delante de todo el público. Lo vi a cinco metros de distancia”, recuerda Camilo. Durante el acto de levitación, Benito cantó Un coco y una de las canciones grabadas con Balvin.

Otro de los instantes estelares del show fue cuando Bad Bunny invitó al escenario a Mora –un emergente reguetonero– y cantó con él Una vez. Aprovechó la presencia de su compatriota para irse detrás del escenario y descansar después de una hora y media de baile.

También las redes registraron el pasaje del show en el que Benito escogió entre el público de las primeras filas a tres mujeres y a un hombre para que subieran a la tarima a perrear con él. El cierre del concierto fue Después de la playa y una andanada de fuegos artificiales. El concierto fue puro baile: Bad Bunny no ahorró energía: cantó con su voz grave 40 de sus temas.

Benito está en la mitad de la gira World’s Hottest Tour, que comenzó el 11 de noviembre en Asunción, Paraguay, y terminará el 10 de diciembre en Ciudad de México. En Colombia programó tres conciertos: dos en Medellín y uno en Bogotá.

El Colombiano