Una de estas unidades genera empleo para un promedio de entre cuatro y seis personas.

No muchos emprendedores en Colombia tienen el presupuesto para tomar un local en alquiler y empezar a vender sus preparaciones. Es por ello que los camiones se han convertido en una tendencia importada que les ayuda a reducir los costos fijos.

Mario Guardiola es el nombre de uno de los pioneros en el acondicionamiento de estas unidades, que también son conocidas como food trucks. Él narró que hace seis años quiso montar su camión, pero descubrió que no existía en el mercado local un taller realmente especializado en este tipo de trabajo.

“Antes tocaba contactarse como con diez proveedores diferentes, porque el de la carrocería no hacía cocinas, el de las cocinas no hacía instalación de gas y no había una solución todo en uno, entonces detecté la oportunidad”, comentó Guardiola.

Una vez que descubrió esa demanda insatisfecha, le dio vida a Colombian Food Trucks, una empresa domiciliada en Bogotá con la que ya ha logrado entregar cerca de 400 vehículos completamente personalizados. Y antes de pandemia, llegó a generar 10 empleos directos.

Es artesanía, no industria

Mario explicó que su compañía no se dedica a una producción en serie. Es decir, no ensambla food trucks para ponerlos en una vitrina y esperar a que llegue un cliente interesado en comprarlos. Se trata de un negocio enfocado en atender la necesidad puntual de cada usuario.

“Podemos hacer desde camiones grandes, hasta pequeños remolques. Todo depende del presupuesto, del tamaño y del amoblamiento interno. Nosotros nos sentamos con los clientes, miramos los planos y creamos cada proyecto”, señaló.

El portafolio de esta empresa incluye los diversos prototipos que está pidiendo el mercado, con precios que van desde los $17 millones hacia arriba.

El producto más apetecido actualmente —de acuerdo con Mario— son los remolques, que pueden engancharse a un vehículo y ser trasladados de un lugar a otro. Aquí el valor está sujeto al tamaño y al equipamiento; si son pequeños pueden oscilar entre $17 millones y $25 millones. Si son medianos, grandes o super grandes el rango va de $25 millones a $60 millones.

Sin embargo hay todo un catálogo de soluciones que el equipo de esta compañía puede explotar: los mini food trucks, con unos precios de entre $50 millones y $90 millones; los camiones clásicos ($45 millones y $90 millones) y los camiones nuevos (desde $65 millones en adelante).

Hasta ahora, el proyecto gastronómico más grande lo desarrollaron para Hamburguesas el Corral, que mandó a acondicionar un bus con capacidad para despachar más de 600 hamburguesas en una noche.

El mercado crece

Aunque la pandemia puso a Colombian Food Trucks en una severa crisis, lograron reponerse y actualmente están despachando hasta cinco pedidos cada mes. Inclusive, su fundador cree que la perspectiva es de crecimiento.

En ello coincide José Ignacio Gómez, fundador de la compañía Remolca, domiciliada en Medellín, que también se especializa en el desarrollo de estos camiones.

En su caso, el emprendimiento inició hace 10 años sin buscarlo. Todo comenzó cuando un cliente llegó a su taller preguntando si era posible adaptar una pequeña camioneta para preparar pizzas. José Ignacio accedió al trabajo y desde entonces continúa acondicionando estas unidades móviles.

Este empresario tampoco ensambla vehículos que no hayan sido encargados y, según detalló, está despachando entre 15 y 20 proyectos cada año, por lo que, a su manera de ver, este es un negocio que sigue floreciendo y dinamiza la economía doméstica (ver módulos).

Desde su punto de vista, los emprendedores gastronómicos tienen en los food truck una ventaja adicional: no necesitan esperar por los clientes en un punto fijo, pueden estacionarse en los lugares de alta afluencia y reducir las horas muertas del negocio.

Su empresa también tiene oferta para todos los presupuestos porque comprende que de estos camiones depende el bienestar de las familias que se lanzan a buscar su sustento en este sector.

“Ahora —opinó— lo que se necesita es regulación para que los emprendedores puedan moverse con sus camiones y generar ingresos”.

Lo que dejó la pandemia

Medellín ya cuenta con todo un ecosistema económico basado en los camiones de comida, así lo indicó Juan David Piedrahíta, presidente de la Asociación de Food Trucks de Medellín (Asofoodtrucks).

De acuerdo con el líder gremial, esta agrupación de restauranteros nómadas fue creada en 2011 debido al crecimiento de esta tendencia en la ciudad.

“Yo vi que aquí no había organización entre los dueños de los food trucks, cada uno iba por su lado, mientras que en las grandes ciudades como Miami, Santiago y Sao Paulo son más ordenados”, narró.

En su mejor momento, según Piedrahíta, hubo 196 emprendedores en esta agremiación, inclusive trabajaron con tres administraciones municipales para contar con reglas de juego frente al uso del espacio público y las normas de salubridad.

Infortunadamente —exclamó Piedrahíta— el 2020 llegó acompañado de la covid-19. Y con ella, los confinamientos totales entre marzo y septiembre de ese año, una crisis que causó la salida de 102 camiones de comida en la capital antioqueña.

Economía Colaborativa

A pesar de la purga que trajo la pandemia, el líder de Asofoodtrucks también cree que la recuperación de este sector ha sido acelerada. Especialmente porque al país retornaron los eventos que convocan a las multitudes: conciertos, ferias, festivales y mercadillos.

Es una buena noticia porque, igual que quienes acondicionan los vehículos, los restauranteros y sus proveedores también se benefician del dinamismo entorno a la gastronomía. De hecho, según los cálculos de Asofoodtrucks, una de estas unidades, genera empleo para un promedio de entre cuatro y seis personas.

De otro lado, Piedrahíta indicó que desde la agremiación están promoviendo un modelo de economía colaborativa, es decir, buscan incentivar las compras a pequeños proveedores locales para que se acelere el ritmo de la recuperación económica en la región

196

asociados llegó a tener Asofoodtrucks Medellín hasta antes de la pandemia.

Juan Camilo Quiceno Ramírez

Soy afortunado por que me gano la vida haciendo lo que amo. Fanático de la salsa brava y los timbales. Amo a mi familia.