El creativo consiguió su segundo torneo internacional con la Selección absoluta de Argentina.

En menos de un año, Leo Messi ha logrado en dos ocasiones lo que todo el mundo del fútbol le pedía, ganar títulos con Argentina. El rosarino, con el ‘10’ a la espalda y la afición rendida, levantó con una sonrisa una Finalissima que no tiene el brillo de la Copa América, pero que es una esquirla más en su palmarés y una alegría a cinco meses del Mundial.

Pese a la novedad de la competición y el pobre nivel de Italia, que no pareció tomarse en serio el título, Messi celebró el trofeo, el que une a la Copa América, al Mundial sub20 de 2005 y a la medalla de oro olímpica de Pekín.

Para celebrarlo, la megafonía de Wembley colocó como banda sonora, mientras Messi daba la vuelta de honor, el “Live is Life” de Opus, esa canción tan unida al genio de Diego Armando Maradona. Fue la segunda vez que sonó en Wembley el tema, popularizado en el balompié cuando acompañó a un magistral calentamiento de Maradona en la vuelta de semifinales de la Copa de la Uefa que el Nápoles jugó en 1989 contra el Bayern de Múnich en el Olympiastadion.

La primera vez fue demasiado pronto, más de una hora antes que comenzara el encuentro. Los futbolistas de Italia y Argentina aún estaban inspeccionando el césped cuando sonó “Live is Life”. Un fallo de coordinación del dj, que no esperó a que Messi calentara sobre el césped para unir a las dos figuras en un choque destinado a honrar la memoria del Diego.

Messi, consciente de la ocasión, aprovechó el momento de ejercicios para acercarse a la afición, que rugió con el gesto de su estrella. Cuando su nombre sonó por megafonía fue mucho más aplaudido que el del resto de sus compañeros. Cuando el partido moría, ya con el 0-3 en el marcador, los cánticos iban dirigidos solo para el ex del Barcelona.

Su alegría fue manifiesta ya con la tensión disipada y con el calor de sus compañeros, que disfrutaron de la gloria de conquistar un título en el césped de Wembley.

Una forma también de poner la guinda a una temporada complicada a nivel de clubes, con la conquista únicamente de la Ligue 1, eliminados en la Copa Francesa demasiado pronto y también en la Champions League, donde quedó marcado por su penalti fallado en la ida contra el Real Madrid y por su intrascendente partido en la vuelta en el Santiago Bernabéu.

Messi, que a sus 34 años -35 el próximo 24 de junio- se preparara para su último Mundial, intentará en Qatar recuperar la gloria que Mario Gotze le negó en la prórroga del Maracaná en 2014 y despedirse del deporte con el único título que le reclaman aquellos que se niegan a ponerle a la misma altura o por encima de Maradona, la Copa del Mundo.

De momento, Messi ya ha rescatado para la Argentina el último título que conquistó el Diego, la Copa Artemio Franchi, ahora llamada Finalissima. El último trofeo para el de Villa Fiorito, que levantó en Mar de Plata tras una tanda de penaltis contra Dinamarca a un año vista del positivo en cocaína durante el Mundial de Estados Unidos que terminó su carrera internacional.