A pesar de tener el costo de vida más elevado en 23 años, los clientes siguen llegando a consumir. Según Asobares, ya se recuperaron las ventas prepandemia.

Desde la estación Estadio hasta la portería de la Universidad Bolivariana, en la 70, se ven bares, fondas y discotecas que se van llenando mientras avanza la noche.

Hasta hace poco, las chivas rumberas eran parte del paisaje en esa tradicional calle de Medellín que, precisamente, se caracteriza por su oferta de entretenimiento nocturno.

Detrás de todo el movimiento que generan esos negocios, están los conjuntos vallenatos, los vendedores ambulantes y los puestos de comida rápida, todo un encadenamiento que el presidente Gustavo Petro llamaría economía popular.

Los informes del Dane no han hecho más que mostrar cómo el costo de vida en Colombia supera con creces el salario mínimo que se ganan 3,4 millones de personas en el país. Aún así, los bares no dejan de recibir clientes y apalancan a los rebuscadores que viven de los rumberos.

Juan Pablo Valenzuela, director de Asobares Antioquia, señaló que, en 2022, este sector logró nivelar las ventas frente a 2019, el último año de normalidad hasta la llegada de la pandemia. Además, hizo notar que, en diciembre, se mantuvo estable el incremento típico de la temporada, que es cercano al 30%.

Desde el punto de vista económico, la noticia cae bien porque según las cifras más recientes entregadas por las cámaras de comercio, en territorio antioqueño hay unos 6.000 establecimientos nocturnos que generan cerca de 35.000 empleos directos, otros 15.000 indirectos y pagan impuestos.

Entonces, todo indica que en Medellín y el Valle de Aburrá no se ha marchitado el gasto en este tipo de establecimientos, a pesar de que el costo de vida está en los niveles más altos desde hace 23 años. Pero quisimos consultarles a varios propietarios cómo han visto el flujo de clientes en medio de este choque inflacionario.

Unos bien, otros mal

Jorge Serna, gerente de Mero Bar, ubicado en El Poblado, comentó que pese a que abrieron sus puertas hace poco, los clientes han llegado sin falla: “Noviembre y diciembre fueron muy buenos meses el año pasado. Y enero ha arrancado bien”.

Desde su óptica, el negocio ha tenido su buena dosis de fortuna “porque antes de abrir ya tenía un público, que es el que ha seguido la carrera de Monólogos sin Propina y ya tenía una rutina de pago”.

“Eso quiere decir que si bien se puede ir a comer o a tomar alguna bebida, lo que más convoca a nuestro público son los shows de comedia y espectáculos musicales, por eso siempre tratamos de que pase algo, de que haya una excusa para ir a Mero Bar”, añadió.

La misma sensación la tiene Nicholas Diez, cofundador de Chiquita Bar, un establecimiento con seis años de antigüedad que recibió un duro golpe tras los encierros sanitarios del 2020. Sin embargo, una vez se reactivó la actividad, se pasaron a un local más grande en El Poblado, más exactamente en el sector de Primavera y, de momento, las cosas van marchando bien.

Por ahora no se ha visto ninguna afectación, la gente sigue llegando. Hay días que son muy buenos, otros que son normales. El viernes, por ejemplo, el bar estaba lleno”, comentó el empresario.

A su manera de ver, Medellín tiene una ventaja agregada como plaza: la cantidad de actividades que se realizan e invitan a la gente a salir. Igualmente consideró que los turistas extranjeros que están llegando se convierten en potenciales clientes.

Así mismo, afirmó que los propietarios asumen los incrementos en insumos, arriendos e impuestos y es una carga que no se le traslada del todo a los consumidores, razón por la que no se desincentivan las compras.

Otra perspectiva tiene Yohanna Santamaría, propietaria del Bar Evocación, abierto al público desde hace cinco años en Envigado. En su caso, sí ha sentido que el ciclo lento de la economía le está pasando factura a su negocio.

Se ve el cambio en la economía y más cuando nosotros no nos atrevemos a subir precios, porque ahí sí menos que vienen las personas. Pero eso sí, los precios de todo suben”, exclamó la empresaria.

Con ese menor flujo de visitantes, manejar la situación se ha convertido en un dolor de cabeza. Como bien lo mencionó ella, el gasto de los clientes baja, pero los costos de operación siguen aumentando. ¿Entonces cómo le ha hecho para mantener el negocio en pie?

“Ese es un tema de organización con los ahorros. De igual manera se sabe que los primeros meses del año son duros, pero la crisis en mi caso, viene desde diciembre”, contestó.

Preocupación en el gremio

Si bien el renglón económico de los bares y discotecas se ha mostrado resistente, hay varios temas que, según manifestó el director de Asobares, generan inquietud. El primero de ellos tiene que ver con dificultades propias de la ciudad que no son nuevas y se están agudizando.

Lastimosamente, alrededor de nuestra industria, confluyen algunos problemas sociales delicados. A qué me refiero: a la mendicidad, a la explotación sexual de menores y a la inseguridad”, señaló el líder gremial.

“Qué notamos —añadió— que cerrando el año 2022, se exacerbaron estas situaciones. Ese es un tema que nos preocupa mucho. Y si se quiere seguir posicionando el turismo en la ciudad, a esto hay que ponerle mucho cuidado”.

En esa lista de riesgos, tal como lo advirtió Valenzuela, también aparecen los contratiempos con el espacio público y la competencia desleal.

“Por poner un ejemplo, alguien tiene su establecimiento, paga impuestos y genera empleos, pero a todo el frente le ponen un caspete, donde no venden papitas y bombones, sino cerveza, aguardiente o ron, y quien sabe la procedencia de ese tipo de licores. Y es algo que se repite en todos los sitios de entretenimiento de la ciudad: en la 70, en la 33, en Castilla, en Manrique, en el Parque Lleras y en Provenza”, comentó.

De otro lado, mencionó que cubrir el incremento del salario mínimo (16%) será un reto que tendrá el sector, aunque hay algo que genera más incertidumbre: la reforma laboral que se presentará este año y que, tal como lo apuntó, podría encarecer la hora extra y el recargo nocturno, dos variables que afectarían al negocio porque el servicio se presta en la noche.

Estos dos últimos factores, sumados a que no habrá exención ni descuento en el impuesto al consumo, a juicio de Valenzuela, podrían incentivar la alta tasa de informalidad a la que ya se enfrenta este ramo económico. Aún así, el director de Asobares prefiere apostar por un pronóstico positivo para 2023 (ver Opinión)

30%

aumentaron las ventas de los establecimientos en la pasada temporada decembrina.

Juan Camilo Quiceno Ramírez

Soy afortunado porque me gano la vida haciendo lo que amo. Fanático de la salsa brava y los timbales. Amo a mi familia.