Aunque se proyectan como amplios dominadores del mercado, no son autosostenibles en sus primeros años. ¿Qué les ven los inversionistas que apuestan por ellas?

Hace pocas semanas, la valoración de una plataforma colombiana llamada Habi rompió el techo de los US$1.000 millones. Entonces, la noticia comenzó a circular en diversos medios, dado que era el segundo emprendimiento local que lograba esta hazaña, antes lo había hecho Rappi.

Una vez que estos negocios tecnológicos pasan este umbral entran al club de las tecnológicas jóvenes más valiosas. Sin embargo, los inversores suelen llamarles empresas de la economía “zombi” porque no generan ninguna ganancia a sus creadores ni son autosostenibles en sus primeros años de operación.

Suena increíble pero es real. Los cofundadores de estas plataformas no son magnates y únicamente cuentan con una porción de la empresa, lo que les garantiza obtener un dinero cuando algún inversionista esté dispuesto a pagarles por un pedazo de esa participación en el futuro.

¡Barájela más despacio!

Todo aquel que no sea experto en finanzas y mercados podría preguntarse ¿cómo una empresa que no genera utilidad puede valer millones de dólares? Pues bien, Felipe Restrepo, inversionista profesional, explicó que este tipo de compañía, generalmente, se demora una larga temporada en dar ganancias. Y depende de cada caso, pero conseguir los números verdes les puede tomar entre cinco y ocho años.

De hecho, la gran mayoría de estas plataformas no tiene un punto de equilibrio en sus primeros años, es decir, los ingresos por las ventas no equiparan los montos invertidos y demandan inyección de capital constante para mantenerse en pie y expandirse.

Restrepo aclaró que el valor de estas empresas no se calcula con base en el presente, como sucede con las compañías ya posicionadas, sino que su valoración obedece al flujo que puede mover en el futuro.

“¿Por qué llaman la atención estos unicornios? Eso siempre dependerá de los inversionistas, pero hay varias cosas que uno puede ver: casi todos ellos están metidos en un negocio que representa un gasto cotidiano y permanente en una amplia población: alimentos, transporte o finanzas”, comentó Restrepo.

“Los unicornios —añadió— concentran ese gasto de los usuarios y en la medida en que logran ganar terreno es cuando empiezan a dar utilidades. Uno le inyecta plata para que logren tomar una posición más importante, a un punto en el que empiezan a eliminar competidores y se quedan con una parte importante del mercado”.

¿Cómo saber cuánto valen?

Hay que recordar que los unicornios comienzan su vida siendo emprendimientos que tienen buen potencial para crecer en el futuro; cuando están en ese punto se les denomina startups.

Según lo explicado por Felipe Restrepo, la valoración que hace un inversionista cambia a partir de la etapa en que decida poner dinero en el negocio. “Cuando entras a una startup no sabes cuánto vale, se especula el valor y se hace una hipótesis. Por ejemplo, si yo miro una panadería que no tiene clientes, pero veo el modelo de negocio y me llama la atención, puedo considerar que, si le siguen trabajando, llegará a un millón de compradores y ahí ya valdría una cantidad específica”.

En consecuencia, la valoración cambia en cada fase y el dinero que ponen los inversionistas es utilizado para apalancar la expansión y conseguir nuevas metas.

Cada ronda de financiación está marcada con una serie. Por ello, si la startup sale a buscar capital por primera vez, todo el recaudo que consiga hará parte de la Serie A. Si sale a levantar recursos otra vez, esa ya sería una Serie B y así sucesivamente.

“Lo usual es que cuando realizas las primeras series, haces una promesa. Ejemplo: tengo un negocio, quiero expandirlo y en cinco años puedo llegar a 10 millones de usuarios. Sin embargo, mi primer hito será llegar a 1.000 clientes y para llegarles necesito $1.000 millones”.

El experto hizo notar que los fundadores no suelen entregar grandes porciones de la empresa en la primera serie, pues si lo hacen se quedarían sin margen de capitalización. Dicho de otro modo, si ceden un 30 % o 40 % en su primera ronda, ya no les quedaría mucho por ofrecer en las siguientes salidas y, en consecuencia, no podrían continuar financiando el crecimiento.

Una vez que empiezan a llegar los grandes inversionistas en capital de riesgo, tal como lo detalló Felipe Restrepo, se cree que ya la plataforma está más cerca de generar rentabilidad.

Rappi, por ejemplo, llamó la atención de fondos muy fuertes que no ponían los ojos en Colombia ni en América Latina. Entre ellos, podría mencionarse a Sequoia Capital, que financió a compañías gigantes como Apple y Google.

También están los casos de Softbank y DST Global, que igualmente tienen olfato agudo para estos negocios (ver módulos).

Todo por el dominio

Carolina Avendaño, cofundadora de Weesed, una startup colombiana del sector inmobiliario, coincidió en que la estrategia de los unicornios se basa en posicionarlos como líderes de mercado desde todas las perspectivas posibles. “Para lograr eso en un mundo tan competitivo tienen que hacerlo rápido. Y para crecer rápido, se necesita plata. Ya con el mercado ganado es más fácil poner las reglas”.

Al preguntarle como ha logrado tener ingresos mientras saca adelante su plataforma, ella detalló que su equipo optó por intraemprender: “O sea, trabajamos de empleados y emprendimos al mismo tiempo. Creo que nuestro ejemplo es muy bueno, porque hasta que nosotros no levantamos nuestra primera ronda, no saltamos”.

“Al mes siguiente de levantar los primeros US$150.000, todos renunciamos y nos pagamos un salario. Si bien es un cuarto de lo que ganaba antes, hoy tengo cosas que me llenan más. Y obvio, tengo la expectativa de que a la empresa le vaya muy bien”, añadió.

La otra fórmula

El cofundador de otra startup colombiana que accedió a dialogar con este diario explicó que la tendencia para financiar estos negocios empezó a cambiar a comienzos de 2022.

Afirmó que, anteriormente, el único método para comerse el mercado era a través de la financiación de los grandes fondos de riesgo.

No obstante, mencionó que muchos emprendimientos tecnológicos ya buscan llegar a punto de equilibrio antes de salir a levantar capital.

“En nuestro caso —dijo— nosotros sabíamos que el primer año íbamos a dar pérdida, entonces nos preparamos para invertir los ahorros y tomar deuda a título personal, eso es parte del espíritu emprendedor”.

Su equipo decidió hacerlo de esta forma y él reconoció que nunca tomaron esta determinación proyectando lo que iba a pasar después de la pandemia: los bancos centrales comenzarían a incrementar las tasas de interés y los inversionistas de alto riesgo se empezarían a inclinar hacia otros negocios.

YCombinator, entidad domiciliada en California que les ha dado apoyo a miles de startups para que aceleren su expansión, recientemente envió una carta a los emprendedores para advertirles que deberían prepararse porque se avecina una sequía financiera.

En 2020, las tasas de interés habían caído a 0 % en Estados Unidos y los inversionistas no tenían rentabilidades atractivas en negocios tradicionales. Por ello, se movieron al área tecnológica.

“Lo que uno veía entre 2020 y 2021 eran rondas de financiamiento muy seguidas. A nosotros nos recomendaban que aprovecháramos el momento y saliéramos a levantar capital para expandir la operación, pero sentimos que no era el momento”, narró el cofundador citado atrás.

El riesgo, de acuerdo con lo señalado por este emprendedor, es que si los inversionistas dejan de colocar dinero, las startups y los unicornios estarían bajo amenaza porque muchas necesitan inyecciones permanentes orientadas a su supervivencia.

“Los inversionistas se comenzarán a fijar en la sostenibilidad de las startups antes de colocar capital porque, con la subida de las tasas, el dinero se encareció y no van a estar invirtiendo los mismos flujos que antes”, concluyó el emprendedor.

Los fondos “duros” atraídos hacia colombia

A los fondos que les gusta invertir en capital de riesgo se les conoce como los venture capital, quienes saben del asunto dicen que, de cada diez empresas emergentes a las que les apuestan, nueve se “queman” y una sola la “rompe”. Rappi y Habi han logrado mostrarles que en Colombia hay buenas ideas. Y si de fondos “duros” se trata, el estadounidense Sequoia Capital es uno de los más legendarios. Entre las empresas exitosas que ha capitalizado se pueden mencionar a Apple, Google, Youtube y Zoom. También aparece en el panorama el japonés Softbank, en cuyo portafolio histórico incluye a Uber y a Wework. Esta última se enfoca en ofrecer espacios de trabajo colaborativo, esos mismos que, según expertos, están llamados a reemplazar a las oficinas tradicionales. Este top tres podría completarlo DST Global, que fondeó a Nubank, el neobanco creado por el paisa David Vélez y que está valorado como el más valioso del mundo entre sus pares. Todos ellos, en algún momento, pusieron dinero en las diferentes rondas de financiación de Rappi.

¿se avecina una escasez de financiamiento?

“Nadie puede predecir qué tan mal se pondrá la economía, pero las cosas no se ven bien”, escribió en una carta recientemente YCombinator, una aceleradora estadounidense de startups que prevé una merma en el flujo de inversiones hechas por los venture capital. Entre las previsiones compartidas con los emprendedores, una de ellas indica que “si la situación actual es tan mala como las dos últimas recesiones económicas, la mejor manera de prepararse es reducir costos”. Y así mismo, escribió que es responsabilidad de cada cofundador tecnológico “asegurarse de que su empresa sobreviva aunque no pueda recaudar dinero durante los próximos 24 meses”. En uno de los apartados, la aceleradora fue mucho más clara con sus pronósticos y señaló: “Si su plan es recaudar dinero en los próximos 6 a 12 meses (…) recuerde que sus posibilidades de éxito son extremadamente bajas, incluso si a su empresa le está yendo bien. Recomendamos cambiar de plan. Muchos de sus competidores no planificarán bien, mantendrán un alto nivel de gasto y solo verán el error más adelante”.

Juan Camilo Quiceno Ramírez

Soy afortunado por que me gano la vida haciendo lo que amo. Fanático de la salsa brava y los timbales. Amo a mi familia.