En redes sociales se instaló la idea de que tirar sal en el inodoro, incluso sal del Himalaya, es un truco casi “mágico” para limpiar, desodorizar e incluso destapar las cañerías. Influencers de limpieza recomiendan hacerlo por las noches y juran que a la mañana siguiente el baño amanece más blanco y sin malos olores. Sin embargo, especialistas en plomería y limpieza coinciden en que, aunque este método puede ayudar como complemento ocasional en determinados momentos, no reemplaza una higiene regular ni soluciona problemas estructurales del sanitario, y que las diferencias prácticas entre una sal y otra, en este contexto, son casi inexistentes.
La sal actúa como un abrasivo suave que ayuda a despegar residuos adheridos, algo de sarro superficial y el biofilm que se forma con el uso cotidiano, sobre todo cuando se combina con otros productos caseros como bicarbonato de sodio y agua caliente.
También puede contribuir a neutralizar olores y a generar un entorno algo menos favorable para bacterias y hongos, aunque no llega al nivel de eficacia de un desinfectante específico formulado para baños.
Por eso, los especialistas insisten en que la sal puede ser un apoyo dentro de una rutina de limpieza, pero no un sustituto del cepillado frecuente del inodoro con productos adecuados.
Las recetas virales más extendidas indican volcar entre 200 y 250 gramos de sal en la taza —muchas veces junto con una cantidad similar de bicarbonato— y dejar actuar la mezcla durante varias horas o toda la noche, antes de tirar agua caliente y accionar la descarga.
Este procedimiento se recomienda, como máximo, una vez por semana o cada 15 días, como parte de una limpieza profunda, para no someter la cerámica ni las cañerías a cambios bruscos de temperatura ni a concentraciones innecesarias de sales. Los plomeros, además, advierten que el agua debe estar caliente pero no hirviendo, ya que el choque térmico sobre la loza fría puede generar microfisuras con el tiempo.
Desde el punto de vista químico, tanto la sal de mesa como la sal del Himalaya están compuestas mayoritariamente por cloruro de sodio, por lo que su comportamiento en el agua y sobre la superficie del inodoro es, en la práctica, muy similar.
La sal rosa contiene pequeñas cantidades de otros minerales que le dan su color característico y alimentan su imagen “premium”, pero esas trazas no aportan ventajas reales a la hora de desinfectar, blanquear o desincrustar un sanitario.
En consecuencia, para este tipo de trucos domésticos, los expertos recomiendan usar sal de mesa común, más económica y fácil de conseguir: la sal del Himalaya no hará que el inodoro quede más limpio ni protegerá mejor las cañerías, solo encarecerá una tarea que se puede resolver con ingredientes básicos.
Preguntas y respuestas actualizadas sobre cómo actúa la sal para la limpieza del baño
¿La sal en el inodoro funciona como “truco definitivo” para limpiar y destapar?
No. Puede ayudar como complemento ocasional para limpieza y olores, pero no reemplaza una higiene regular ni soluciona problemas estructurales del sanitario o las cañerías.
¿Qué hace realmente la sal cuando se tira en el inodoro?
Actúa como un abrasivo suave: ayuda a despegar residuos adheridos, algo de sarro superficial y el biofilm del uso cotidiano, sobre todo si se combina con bicarbonato y agua caliente.
¿Sirve para desodorizar o desinfectar?
Puede neutralizar olores y generar un entorno algo menos favorable para bacterias y hongos, pero no alcanza la eficacia de un desinfectante específico para baños.
¿Cómo se usa y cada cuánto conviene hacerlo?
Las recetas virales sugieren tirar 200 a 250 g de sal (a veces con una cantidad similar de bicarbonato), dejar actuar varias horas o toda la noche, luego tirar agua caliente y descargar. Se recomienda como máximo una vez por semana o cada 15 días para evitar concentraciones innecesarias de sales y cambios bruscos de temperatura.
¿Hay diferencia entre sal común y sal del Himalaya para este uso?
En la práctica, casi no. Ambas son mayoritariamente cloruro de sodio. La sal rosa tiene trazas de minerales que le dan el color, pero no aporta ventajas reales para desinfectar, blanquear o desincrustar. Para estos trucos, recomiendan sal de mesa común.
Este contenido fue producido por un equipo de LA NACION con la asistencia de la IA.