Andrés Felipe Cabrera nació en Armenia, Quindío, y trabaja con el certamen de belleza desde hace ocho años. EL COLOMBIANO habló con él.

A una semana de que se conozca la nueva Miss Universo, detrás del grupo de las 84 aspirantes a la corona hay un numeroso equipo de estilistas liderado por Andrés Felipe Cabrera, un colombiano de 35 años que ocupa el cargo de supervisor y director de maquillaje y peinado del certamen.

—El maquillaje fue el que me escogió a mí. Empecé queriendo ser piloto, pero cuando me di cuenta que había que hundir tantos botones decidí no serlo. Estudié baile y como me tenía que maquillar yo mismo, ahí fue donde le cogí el gusto, terminaba más rápido, ayudaba a mis compañeros, allí vi un futuro. Nunca pensé trabajar en esta industria.

—¿En cuál edición de Miss Universo debutó?

En la de 2015, era un maquillista más, con muchos nervios, pero me hacían cola las chicas esperándome, porque antes ellas eran las que nos escogían a nosotros. En la silla podría tener hasta 20 chicas. Ahora que soy el director y cambié el formato, no me gusta las preferencias, entonces asigno dependiendo las sillas que estén libres; otra regla es que el maquillador no puede arreglar a la candidata de su país para que no se presenten malos entendidos.

Desde el backstage en el hotel Hyatt Regency en Nueva Orleans, Estados Unidos, cuenta que una jornada suya por estos días es así: a las 7:00 a.m. desayuna, a las 8:00 a.m. se reúne con el equipo y a las 9:00 a.m. reciben a las candidatas para maquillarlas y peinarlas según el evento. A las 9:00 p.m. se va a dormir. Así ha sido la rutina de la última semana.

Dirige a 25 personas que escogió luego de un arduo proceso de selección por diferentes países de todo el continente americano. Lo acompañan estilistas de Puerto Rico, Venezuela, El Salvador, Ecuador, Curazao, México, Honduras, Colombia.

Su labor principal es evitar errores. Y tiene el ojo entrenado para encontrarlos. Constantemente pasa por cada estación y da indicaciones: lo que deben mejorar o modificar, da recomendaciones, los brochazos finales. O, a veces, simplemente pide que se borre todo y se comience desde cero.

—¿Hay un concepto para maquillar a las aspirantes?

—Sí, tengo una técnica que me inventé, se llama el Miss Universe Look, para todas las 84 chicas que vienen a competir porque esto tiene que ser neutral, nosotros tratamos de embellecer a la mujer y no cambiar rostros en lo absoluto.

—¿Y en la práctica cómo es?

Tratamos de acentuar las luces que una luz natural da, como la de una ventana, tratamos de que esa luz se vea en la zona T con maquillaje para no tener siempre una luz al frente, que la cara se vea muy dimensional.

Para este look usan colores neutrales que se puedan aplicar en el rostro de cualquiera de las candidatas para enaltecer la belleza: nada de tonos vibrantes y negros, ni delineadores muy oscuros. Todo es según el tono de piel: utilizan mucho amarillos, blancos, vainilla. Es un maquillaje que se recrea en un tiempo máximo de 20 minutos. Lo aplican en la preliminar y la noche final.

La mano derecha y parte de la espalda de Andrés están llenas de tatuajes: figuras inspiradas en Miami, Hawai y su raíz latinoamericana. Hay animales y flores. Le encanta la música de plancha y el reguetón. Es, también, el fundador y CEO de la marca de cosméticos Muba, el maquillaje oficial de Miss Universo en los últimos tres años.

—¿Qué recuerda de la infancia en Armenia?

—Los diciembres cuando la gente sale a bailar, cantar, las fiestas; cuando se va la luz y la gente sale a la calle a hablar. Todo eso lo recuerdo mucho porque en Estados Unidos cada uno está en su mundo. Hace poco cumplí mi sueño allá, compré un apartamento.

—¿Y qué le infla el corazón de felicidad?

—Mi familia, el poder tener la oportunidad de trabajar en lo que me gusta porque siento que todo el tiempo estoy parchando, me encanta enseñarle a otras personas y ver cómo otros crecen a raíz de lo que hago.

Juan Alcaraz

Periodista. Hago preguntas para entender la realidad. Curioso, muy curioso. Creo en el poder de las historias para intentar comprender la vida.