Hoy, la rutina en el subte porteño fue un poco distinta: la Línea D se transformó en un gran vagón de lectura compartida. La iniciativa, organizada por Subterráneos de Buenos Aires (SBASE) junto a la booktuber Cecilia Bona (@porqueleerok), invitó a los pasajeros a celebrar el Día del Lector viajando con un libro en la mano. Esta tarde, la Fundación Internacional Jorge Luis Borges adelantó el festejo por el nacimiento del autor y, en el marco de sus jornadas anuales, hizo el tradicional corte de torta con velitas. Este domingo Borges cumpliría 126 años.
“¡Arriba los libros!”, fue el grito que marcó el inicio de este viaje diferente. Minutos después de las tres de la tarde, más de trescientas personas se subieron al subte en la estación Catedral con una misión poco habitual: recorrer todo el trayecto hasta Congreso de Tucumán leyendo. La propuesta, bautizada Vagón de lectores, pronto desbordó el coche designado: a medida que avanzaba la formación, cada vagón se iba poblando de páginas abiertas y miradas concentradas. Se podía observar una gran variedad de títulos, desde clásicos hasta historietas, pasando por literatura juvenil.
Los vagones avanzaban colmados de lectores. En cada asiento, en cada rincón, alguien sostenía un ejemplar abierto. Quienes subían sin saber de la convocatoria se quedaban perplejos: miraban alrededor y preguntaban en voz baja qué estaba pasando, sorprendidos de ver a cientos de pasajeros leyendo al mismo tiempo. El viaje, que tantas veces se vive con ruido y apuro, se volvió un corredor de silencio compartido, apenas interrumpido por murmullos cómplices: conversaciones espontáneas sobre autores, tramas y libros que saltaron de mano en mano entre desconocidos.
Detrás de la escena también se notaba el cuidado en cada detalle. La actividad estuvo prolijamente organizada: desde la convocatoria en redes hasta la coordinación de los accesos en Catedral, todo funcionó de manera aceitada y sin sobresaltos. Trabajadores del evento guiaban a los participantes, y la propia Bona acompañaba con entusiasmo el recorrido, logrando que la experiencia fluyera de manera natural en medio de la multitud.
Al llegar a la estación Congreso de Tucumán, la gente no se dispersó: se quedó para participar del evento final, conducido por Cecilia Bona. Muchos permanecieron de pie y otros se acomodaron en los almohadones dispuestos en el piso. En ese clima se organizó una suelta de libros con ejemplares de lo más variados. También hubo sorteos de más de diez títulos, intercambio de ejemplares entre desconocidos y una participación entusiasta del público, que compartió sensaciones sobre el viaje.
Algunos admitieron que les costó concentrarse en sus propias páginas porque les resultaba irresistible espiar qué estaban leyendo los demás. Otros destacaron la experiencia como una forma de descubrir nuevas lecturas. “Nos encanta leer y nos pareció genial esto del intercambio de libros. Siempre siento que los libros se tienen que leer más de una vez, y es especial poder compartirlos con otros lectores”, contó Delfi, una chica de aproximadamente 20 años que participó junto a su amiga Brisa. Ambas llevaron ejemplares con la idea de intercambiarlos: “Si a alguien le gustan los nuestros, no tenemos problema en canjearlos”.
También había quienes vivían la jornada con un vínculo personal con el mundo de los libros, como fue el caso de Karina, dueña de una librería en Belgrano: “La propuesta me encantó y no dudé en venir con mi hija. Me emocionan estos eventos donde cada uno lee y donde hay suelta de libros. Todo espacio en el que podamos leer me parece mágico. Yo me crié en el mundo del libro y sé lo mucho que convoca y lo que genera compartirlo, por eso quise venir con mi hija, para que viera lo que se produce con la lectura”.
Entonces tomó la palabra Cecilia Bona, impulsora de la propuesta. Agradeció la convocatoria y recordó que el Día del Lector se celebra en homenaje al nacimiento de Jorge Luis Borges. En su memoria, leyó un fragmento de El Aleph y luego compartió sus impresiones con LA NACION: “Fue muy emocionante, no podíamos imaginar cuánta gente iba a venir. Llegaron casi 400 personas y fue más que un vagón: ocupamos todo el tren”, resaltó Bona. “Eso es lo lindo: los lectores tenemos que hacernos cargo del espacio público, porque también nos pertenece. Al manifestar la lectura como un acto colectivo, contagiamos a otros y nos encontramos con nuevos lectores. Tal vez alguien que no sabía que podía leer en comunidad, desde hoy lo descubrió. Por eso estos espacios se tienen que repetir”.
Aunque estaba ansiosa antes de empezar, Bona confesó que la magnitud de la convocatoria la sorprendió: “El espacio me ponía un poco tensa porque nunca se sabe qué puede pasar, pero salió hermoso. Fue lo más, y siento que realmente salió todo muy bien”.